Cuando somos más jóvenes, nos es fácil imaginar que Dios tiene muchos planes para nuestras vidas. Pero a medida que envejecemos, podemos sentir que ya no hay planes para nosotros. ¡Eso no es verdad! La historia de Abraham comenzó cuando tenía 75 años. Y por la fe, eres hijo de Abraham.
El Señor le dijo a Abram: Deja tu tierra, tus parientes y la casa de tu padre, y vete a la tierra que te mostraré. Haré de ti una nación grande, y te bendeciré; haré famoso tu nombre, y serás una bendición. Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan; ¡por medio de ti serán bendecidas todas las familias de la tierra! (Génesis 12:1-3)
Dios le dio una gran encomienda a Abram, lo llevó a comenzar una gran aventura. Pero Abraham fue confiando en las promesas que Dios le había hecho, sabiendo que Dios no lo abandonaría jamás.
Así es contigo: Dios te llama a seguir activo en su obra y te promete su presencia y su ayuda. Recuerda que si él te llama, no te dejará solo: cuentas con la dirección y la compañía del Padre. Él te sostiene y te guía en todo momento.
Así que no olvides que, aunque pasen los años, Dios sigue obrando en tu vida. Abre tu corazón a Dios y escucha sus planes para ti. Él todavía desea usarte para expandir su reino, para sanar corazones rotos y para difundir su amor dondequiera que vas. Aunque no tengas tanta energía como antes ni sientas muchos deseos de comenzar nuevas aventuras, Dios quiere y puede usarte para motivar, amar y transformar a los que te rodean. ¡Dios tiene planes para ti: no los rechaces!
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