Me encuentro en mi casa escribiendo este artículo como cada domingo, solo como siempre, pero ahora por obligación porque mi país, tras la declaración de pandemia de este virus nuevo que nos ofreció China hace un par de meses y que ha aglutinado alrededor de su minúscula persona el discurso mundial. Promete que en los próximos meses no tengamos otro asunto del que hablar que el de su microscópica existencia. Para más inri resulta que China, que ha sido su cuna, actúa con su contundencia…
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