Por qué le decían Gangi, ni idea.
Solo recuerdo que era muy popular entre la gente.
Porque resolvía todo lo relacionado con el calzado.
Eran tiempos en que el taquito se nos gastaba en la parte de atrás.
Y la suela se nos despegaba; yo oía: "Tengo que ponerle media suela a tal zapato".
También como en mi caso, que yo caminaba y metía el pie pa dentro.
Doctor le dijo a mi abuela: "Hay que hacerle un zapato especial que la obligue a pisar hacia afuera".
Mi abuela exclamó:
Voy a hablar con Gangi.
Y otras cosas más, pero les diré las más que se quedaron en mi memoria. Cuando Gangi me hizo mi zapato tipo bota, a mí como que no me hizo mucha gracia, pero yo no tenía ni voz ni voto; eso era o te gusta o te gusta.
Lo cierto fue que funcionó; si no, yo fuera gamba. ¿Hoy en día que no saben lo que es gamba? Cuando te pisas el pie derecho con tu otro pie,
También aquellos que no podían darse el lujo de comprarse un par nuevo iban y le daban un labaito de cara a los que tenían, lo pintaban de otro color, le ponían cordones nuevos y zas, nuevecitos.
A veces, cuando estrenabas, se reían y te decían.
"Tú estabas en casa de Gangi", jajá.
Me acuerdo de mi tío Tom, muy adelantado para su época; se teñía el cabello y siempre estaba con cosas raras, las cuales se le veían bien.
Y al tiempo alguien lo estaba imitando.
En estos tiempos hubiese sido un diseñador, jajaja.
Bueno, cada cual piensa a su manera, jeje.
Una vez, en una de esas fiestas de la plaza o del parque, como se les decía, mi tío Tom se hizo una camisa en un tono pastel que le quedó de película.
Y no tenía zapatos que le agradaran a él.
Y fue a visitar a Gangi.
El zapatero le dice: "¿Qué número usas, Tom?".
Él le dice: "Soy siete, pero me pongo en una emergencia cualquier número".
Yo lo relleno al frente y no se me salen.
Gangi le dice: "Pero Tom, no hay".
Y Tom, mirando en un cajón, le dijo: "¿Y esos?".
Le dijo el zapatero: "Esos son los que traen un pie nada más porque el otro está sano".
Y Tom le dice:
Pues busquemos; a lo mejor hay uno derecho y uno izquierdo.
Pero la búsqueda fue en vano; casi todos eran del mismo pie.
¿Adivinen qué? El tío Tom, ni corto ni perezoso, le dijo:
Ah, pues me los pondré así, del mismo pie.
Gangi ni se inmutó; le dijo a Tom en tono burlón:
Dime, Tomcito, ¿y de qué color es la camisa que usarás?
Tom le dijo azul viejo (o pastel, como dicen ahora), pero tiene unas rayitas color vino.
Adivinaron, así fueron los zapatos de Tom, azul viejo con la orilla de la suela color vino.
Esa noche mi tío Tom bebió toda la noche gratis, le sacaron foto para la logia y un montón de cosas más.
Se preguntarán por qué menciono esto ahora, después de tantos años.
Pues sencillamente, hace poco fui a uno de esos centros comerciales enormes y famosos.
Y encontré dos zapaterías; pensé que no podía ser, ya esto no se usa.
Si se nos rompe un zapato, los botamos y ya.
Pero me quedé un rato mirando como quien no quiere la cosa.
Y vi varias personas haciendo arreglos, pintando carteras, poniendo cordones nuevos y arreglando guaraitos.
En algo me tranquiliza porque pensé que disminuía el consumismo.
Seguí mirando y alcancé a ver a mi hijo mayor con una bolsa de zapatos claros o qué sé yo; yo sé que se los pone de marca.
Y dije: "Wuao, mi hijo aprendió", porque él, como los otros, los regala.
Pero pasó de largo y cruzó para otro lado. Se lo conté y me dijo:
Ay, "ma", tú estás media loca.
Bueno.
Yo también los boto y me los compro buenos.
Papá decía que uno tenía que tener buenos zapatos y la cama donde duerme.
Debe ser la mejor; ahora hay que añadirle el carro.
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