Según las estadísticas, esas diez mil horas son las que necesitamos dedicar a una misma actividad para alcanzar un grado de maestría. Contrariamente a lo que se cree, el cerebro de un genio no es diferente al de alguien común y corriente, tal y como se comprobó en la disección practicada en el de Einstein. Somos muchos los que tenemos un talento superior para unas disciplinas que para otras, pero lo que suele distinguir a la persona brillante del resto son esas diez mil horas que se han dedicado a una misma cosa, sea un instrumento, la informática o la gestión económica y financiera relativa a cualquier tipo de negocio.
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