La mente es un instrumento magnífico si se usa correctamente. Utilizada de forma inadecuada, sin embargo, se vuelve muy destructiva. Para decirlo de forma más exacta, no es tanto que la utilicemos de modo inadecuado; por lo general, no lo hacemos en absoluto. Ella nos utiliza. Esta es la enfermedad: creemos que somos nuestra mente. Este es el engaño. El instrumento se nos ha apoderado. Si pudiéramos decidirnos a no realizar más trabajos de los que podemos asumir con calma, tranquilidad, sin prisas ni estrés, y si en el mismo instante que empiezas a sentirte cada vez más nervioso y sin aliento, nos detuviéramos y tomáramos aire, descubriríamos que esta simple regla del sentido común hace por nosotros lo que ninguna oración ha hecho nunca.
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