Una persona con verdadera personalidad, crece de manera simple y natural, al igual que lo hace una flor o un árbol. En muy raras ocasiones entra en discordia. Muy pocas veces suele discutir o pelear. No necesita demostrar nada. No tiene nada y al mismo tiempo lo tiene todo. Por mucho que se tome de esa persona, su riqueza no se ve menguada. No se entromete en la vida de otros, ni tampoco les pide que sean como ella. Quiere a los demás porque son diferentes, y aunque no se entrometa en su vida, nunca niega su ayuda a nadie que la necesite. Como todo lo que es bello, ayuda sólo con ser como es.
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