Esta ley del espejo actúa con signo positivo o negativo, según la intención o el talante de quien influencia a la persona o al grupo. El positivo provoca un aumento de la autoestima y nos empuja a superar los límites que nos fijamos. El negativo logra el efecto contrario, disminución de la confianza en uno mismo, debido a las bajas expectativas. Dentro del ámbito familiar, los padres que transmiten a sus hijos coraje y armonía inculcan en ellos estos valores, mientras que los que se muestran temerosos y preocupados siembran en ellos una inseguridad que puede acompañarles en la vida adulta. En este sentido, no es nada desacertada la creencia de que somos el espejo de nuestros padres.
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