Mira el vacío. Hay claridad en un cuarto vacío. La buena suerte lo habita; en él reposa. Si no tenemos reposo interior, nuestra mente galopará por todas partes, a pesar de que nos mantengamos bien quietos. Hay que dejar que nuestros ojos y oídos se comuniquen; es muy conveniente quitar todo el conocimiento de nuestra mente. De ese modo, los espíritus vendrán a habitarlo sin mencionar apenas nada. Este es el método para la transformación de toda la creación.
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