Entiendo y creo que nuestra obligación debería ser —en cierto modo— la de descubrir las cosas normales, el canto sencillo de las amistades, las flores que podemos ofrecer a un enfermo, una puerta abierta, disfrutar de una mesa bien puesta y acogedora, un apretón de manos, una sonrisa, el silencio de ciertos lugares que muestran su quietud y recogimiento, el dibujo que nos enseña un niño de corta edad hecho con todo entusiasmo, una flor que se abre, el canto de un pajarillo al amanecer, un riachuelo, una montaña La vida, amigos míos, se torna una fiesta cuando sabemos disfrutar de las cosas normales de cada día.
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