La meditación es como un lago de aguas tranquilas en el que podemos reflejarnos, ese es el estado mental que persigue. Quien medita emprende un viaje interior de retorno a su propia esencia, al centro de operaciones, desde el que se filtra e interpreta la realidad, o los estímulos sensoriales que llamamos realidad. Cuando nos sumergimos en ella, no estamos trabajando, resolviendo problemas ni tomando decisiones. Pero de forma curiosa se ha comprobado que meditar ayuda de forma significativa a realizar todas esta actividades. Es como si la mente nos pidiera un descanso para entregarse más tarde a las dificultades con mayor agilidad Hay problemas que se disipan incluso en el curso mismo de la meditación, porque son productos de la propia mente desapareciendo al rebajar la tensión.
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