La felicidad se halla en lo cotidiano: " Le debemos la vida a la rutina; no sería posible casi nada sin la repetición de lo ordinario. Lo que sucede es que para comprender el valor de la rutina, y superar el horror a lo invariable hay que percibir el diseño divino de la vida... Cada día es diferente y todo es distinto es la engañosa apariencia de su repetición. En la sublimación de las cosas corrientes de cada día, está la raíz de la vida feliz. Este es el modo humano de construir una existencia extraordinaria".
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